jueves, 20 de octubre de 2016

La verdad

Pronto se encontró con la verdad en las narices. No sabía cómo había estado tan ciega, y a pesar de sus intentos por eludirla, al final le explotó en la cara. No podía ignorarlo más. 

Era un conjunto, un todo. No era solo cosa de dos días, sus sospechas se habían corroborado. No era algo superficial o un maldito capricho. Estaba segura de que los indicios eran claros. Pudo darse cuenta, era casi de película. Aterrador, porque aquello era verdad. Puede que fueran esas manos, o quizá solo su forma de hablar lo que había hecho que se enganchara. Igual eran esos ojos con oscuros secretos. Puede que hubiera sido su forma natural y sencilla de tratar a todo el mundo o igual esa desquiciante sonrisa

O no, simplemente había sido ese perfeccionismo innato, esa facilidad para hacer cualquier cosa lo que le había hecho sospechar de él. Había algo terrible escondido detrás de esa impresionante apariencia impoluta. Sí, se dio cuenta de su amabilidad, de sus impecables modales ingleses, de su delicada forma de coger los cubiertos durante la cena, incluso de su distinguida habilidad para encenderse un cigarrillo. 

No supo en qué momento su cabeza decidió desechar la platónica imagen para dar paso a apreciar los detalles que habitualmente se pasan por alto. Su atenta mirada siempre pendiente de los demás, su caminar rápido y nervioso, su manera de tomar asiento, cruzando las piernas con desparpajo. Su forma de tamborilear los dedos sobre el mantel mientras le llevaban la carta de vinos, su delicada sonrisa al tratar al maître, su forma de mirarla, de halagarla. 

Por fin, paso de ver su fría apariencia, para valorar a la persona. Y se dio cuenta de la reveladora y dramática verdad: lo amaba, como nunca antes lo había hecho. Y no había forma de remediarlo. Ya no.

martes, 18 de octubre de 2016

Mañana

Y con la promesa de un mañana, la dejé partir. Esperando, casi rogando en secreto que ese mañana no fuera solo una muestra de cortesía. O una ilusa intención.  O una mentira apaciguadora. Porque en realidad yo la quería. Como el blanco quiere al negro. La noche al día. El bien al mal. Casi como una necesidad oculta. Yo la quería. Pero no se lo demostré. ¡Maldita sea! Porque creía que volvería. Pero jamás lo hizo. Se despidió de mí como de uno más... agitando frenéticamente su mano, como una niña pequeña, con su vitalidad y su ingenuidad. Y me dejó ahí plantado, con una sonrisa de tonto, estúpido e incrédulo, tal y como lo describen mis amigos. Bueno, concretamente dicen que tenía cara de gilipollas. Pero no puedo atestiguarlo. Yo no pude verme. 

Solo la veía a ella; radiante, esplendorosa. Con un vestido naranja... o salmón como lo llamaba ella. Diciéndome, diciéndonos pero diciéndome, que volvería pronto. Y como tontos la creímos, la creí. Con la canción de Gianluca que ella me enseñó a la semana de conocernos sonando en mi cabeza a modo de banda sonora. Como las canciones que suenan justo al final de la última escena de la peli, y empalma con los créditos finales. "Don't to follow her tomorrow... oh oh oh oh... don't to follow her tomorrow". No quise que aquella fuera la escena final de nuestra historia. No. No esperaría a tu mañana. Y mi mañana, lo siento mucho, es hoy.


domingo, 16 de octubre de 2016

Qué importa

Tengo frío. El viento consigue colarse por mi cuello, levanta mi vestido, me estropea el peinado. El que había pensado para ti, todo mi look a la mierda. Dos malditas horas probándome ropa para nada. Pero eso es lo de menos, él ni siquiera se ha fijado en mí. No se ha percatado de que es el vestido que llevaba el día en que empezamos. No se ha fijado en que llevo el recogido que le gusta a él. No sabe que este maquillaje resalta mi color de ojos. Todo eso no ha servido para detenerle. Su idea de dejarme es firme. No soy yo, desde luego. Ya me lo ha repetido cien veces. Y aunque no lo diga es evidente... si no soy yo, es que hay otra. Ya no me mira, ya no me ve. Y qué importa eso. Ya nada importa. Hay otra.

sábado, 15 de octubre de 2016

¿Qué más puedo pedir?

Una vida con comodidades cubiertas, un marido en casa, obediente. Unos hijos que me adoran, un trabajo satisfactorio y estable. El confort se mire por donde se mire. Estabilidad económica, sentimental, y física. ¿Qué más puedo pedir? Quiero sentir el riesgo, la adrenalina, el deseo de lo prohibido. La emocionante sensación de tener un secreto, para mí. Algo que haga más emocionante mi vida. Comprobar que sigo siendo una mujer deseable. Pues nada, un amante. Necesito un amante.

jueves, 13 de octubre de 2016

Una mano negra

Se extiende por encima de mi cabeza, me tapa la luz y me deja sin respiración. Siento que me asfixio, aunque nadie me toca. Veo mi vida en blanco y negro, no tengo ilusión, mi inocencia se ha marchado. No puedo moverme. Sin poderlo remediar, pierdo la inspiración. Y tampoco lo evito.