miércoles, 26 de abril de 2017

Realidad

Lo veo sentado delante de mí, de espaldas, pegado al móvil. Me duele ver cómo está inmerso en una pantalla minúscula cuando a nuestro alrededor están pasando cosas emocionantes, o al menos, entretenidas. Un niño le tira del pelo a su hermana y se monta una gresca, una adolescente está contando sus desgracias a su nueva mejor amiga, un abuelo se ha quedado dormido con “La razón” entre sus desgastadas manos, y también hay un grupo de guiris con el pelo platino y la piel quemada por el sol que intentan sin éxito decir palabras en castellano. Pero él no lo ve. No quiero ser cotilla, pero me invade una curiosidad insaciable de saber qué es lo que puede abstraer a un hombre de mediana edad, probablemente con hijos y esposa esperándole en su casa, con ropa limpia y adecuada, el cuello ligeramente enrojecido y manos trabajadoras. Me recuerda a mi padre, y no puedo evitar sentir nostalgia y cierto cariño hacia este desconocido. Está sentado en el autobús, justo delante de mí, en la penúltima fila. Yo he escogido mi asiento para poder leer “La década decisiva” tranquilamente. Porque últimamente siento que estoy tirando mi tiempo a la basura, que estoy desmotivada y en mi trabajo no tengo ilusión, que no me socializo lo suficiente y que no hago nada productivo con mi vida. Pero entonces en su pantalla veo lo que está buscando en Google. “Bono transporte parados Valencia”. Se me encoge el estómago, y se me olvidan mis penas. 

martes, 25 de abril de 2017

Buscándote

Es desesperante. He llegado a la conclusión de que no hay palabras que puedan expresar lo que siento. Lo siento tanto, que a veces lloro al pensar lo intenso que es y lo frustrante que es intentar describir sentimientos tan grandes con solo palabras. Hasta el superlativo se me queda corto. Y tú te ríes. Siempre te ríes cuando te lloro, porque se ha convertido en una constante y te lo digo: nunca antes había llorado tanto. De felicidad, por sentirme tan afortunada al tenerte a mi lado, de satisfacción al saber que una persona tan guay como tú, me quiere a mí, me corresponde. Lloro de belleza, por lo bonito que es lo que tenemos. A veces lloro de tristeza, por no haberte encontrado antes, y de melancolía, por los años en que no te conocía y me sentía sola, buscando a alguien como tú. También lloro de rabia, por lo molesto que es ver  que alguien no te trata como te mereces; y de orgullo, cuando se reconocen tus méritos, y la vida te sonríe. Por eso lloro tanto, mientras tú te ríes, pero es que no sabes, ni te imaginas, lo mucho que te quiero y la de tiempo que llevo buscándote.

jueves, 20 de abril de 2017

Carta a un viejo amigo

Hola amigo,

Perdona que no te haya escrito antes. Últimamente, paso de todo, y encima me quejo de sentirme sola. Supongo que sí, como me sugieres, es una crisis. No una crisis literaria, como te dije. Solo pretendía relativizar mi problema. Dicen que cuando empiezas a llamarlo problema, tienes conciencia de su existir, le das más importancia, y crece. Luego vienen la autocompasión y lamentaciones sin sentido. La búsqueda del yo más profundo, y cualquier hombro sobre el que llorar es un amigo. Pero no es solo una crisis literaria. Es mucho mayor, entreteje todos los aspectos que eran importantes en mi vida. Mis aspiraciones intelectuales y profesionales, mi socialización e incluso mi autoestima se ven agitadas por este dominó que parece más bien un sauce con muchas ramas, largas y abatidas por el paso del tiempo, agitándose al ritmo de un frenético viento que no tiene origen ni fin. Antes no creía en las crisis existenciales y ahora me veo hundida dentro de este tornado. Te juro que no sé cómo salir. Cuanto más trato de moverme, más me siento succionada hacia el ojo del huracán. Casi prefiero quedarme quieta, pasar desapercibida hasta que el viento amaine. Es la única opción que me queda cuando todas las demás ya las he agotado, o ni siquiera me he atrevido a intentarlas. Ya no sé qué pensar, sobre mí, ni sobre nada. Por eso no te he escrito antes. Siento el retraso. 

Espero volver a ser la que conociste tiempo atrás.


Con mucho cariño,

Tu amiga.

Fantasmas

Te tengo en mi cabeza, pero,  ¿qué importa? Ya no eres real. Perteneces a algo que nunca pudo ser. Una ilusión, como tantas otras antes que tú. Es algo que solo pertenece al mundo de los sueños. Ese mundo en el que solo vagan oscuros fantasmas, caprichos de un niño, secretos de adolescencia e infames codicias de un adulto reprimido. Y ahora es demasiado tarde para verlos a todos satisfechos. Se deslizan, como sombras sin nombre entre afiladas realidades que me atormentan sin descanso. Día y noche. Me pesan, en mi pesimista rutina y en mis sueños infantiles, aún palpitan. ¿Qué puedo conseguir, pensando? ¿Adónde me lleva seguir existiendo, cuando tan cruda es la existencia?

Me basta

Te miro, pero ya no te veo. Eres una sombre borrosa, tus rasgos ya no se perfilan, delicados, bajo una luz serena y a ratos divertida. Ya no me transportas a tu mundo, tan cálido y pacífico que nunca ocurre nada. Ahora solo veo duda en tu mirada, indecisión cuando me hablas y torpeza en tus caricias. Dime, ¿de qué me sirves si ya no eres auténtico? ¿Qué me aportas si eres igual que el resto? Lárgate, y déjame tranquila. Con mi mundo tengo suficiente, y de momento, me basta.