domingo, 26 de noviembre de 2017

Autorretrato

Lanzo un órdago a mis emociones. Porque yo soy más fuerte que ellas, no me dominan. Segura de mí misma en lo importante, soy peleona y cabezota, muchas veces solo por el afán de llevar la contraria. Soy una romántica empedernida lo reconozco, ahí me ganan ellas, pero porque les dejo.

También soy caótica, despistada y abstraida. Me dejo invadir por lo que me rodea, por lo que me hace sentir. Algunos dicen que soy emocionalmente inestable, pero no, yo les cedo a mis emociones algo de protagonismo, faltaría más. Dirán que como todas las mujeres, pero no, yo más. Pero sé vivir con ello.

Vivo con pasión todo lo que me rodea, y siento, todo lo que puedo y más. Sufro más que la mayoría pero también disfruto como una niña cada pequeño detalle. Y lo hago porque quiero. Podría, como todo el mundo, aprender a implicarme menos. Pero lo siento, eso no va conmigo. Suelo ser amable en el trato y correcta, me gusta escuchar todo lo que tienen para decirme, salvo las faltas evidentes de sentido común, esas me desbocan.

Alguna vez soy muy seria y tajante, es bueno decir las cosas claritas, en un mundo superficial y sin valores. Siempre tengo una sonrisa en la cara, mi debilidad: ver bondad en todas las personas. Sé romper los clichés y saltarme muchas reglas "políticamente correctas", precisamente para poder llegar a todas esas personas que necesitan ser escuchadas. Tengo mi criterio y mis principios y esos, por mucho que me mareen con labia divertida, esos no se tocan.
Cuando ya no estemos para defender nuestros actos, lo único que hablará por nosotros serán las intenciones que tuvimos.

Entre los dos

Reapareciste años más tarde -según dijiste- para comprobar si era feliz. Tus intenciones parecían buenas, y lo eran. Con el tiempo tus ojos me decían más cosas. Me hablaban de recuerdos, besos sedientos, piernas que tiemblan. ¿Eran solo recuerdos? Después de tantos años de repente me sentía sola, en realidad, lo estaba. Pero también me vi entera, satisfecha, serena. Me di cuenta de que habíamos vivido, por separado, historias incompletas. Fracasos en serie, esperanzas frustradas en amores insanos, caducos. Tú disfrutabas de tu predicción, sabiéndote ganador, supongo. Como un simple espectador, no uno cualquiera, el que contempla su obra: tan alejada de tu recuerdo como tan viva seguía su huella. Algo desconocido para mí te había hecho volver, nunca sabré qué fue. Quizás ese cosquilleo, esa inevitable curiosidad de saber cómo les va a las personas que significaron algo importante. Como si tuvieras derecho a mirar, sin riesgo, por esa ventana indiscreta abierta al pasado. Sea lo que sea, hiciste bien, aunque hubo riesgo. No eran solo recuerdos. Ahora tus ojos me hablan con temor y expectación. Volvemos a mirarnos como antes y ahora, más que nunca, parece inevitable lo que se está creando entre los dos.