miércoles, 28 de febrero de 2018

La soga

Lo tengo, la solución es volar. Lo sé, un hombre no puede hacerlo. Pero cuando todos los caminos posibles están cerrados, cuando me ponen tantas pegas y la señal que espero empieza a resistirse, solo pienso en saltar y dejarme llevar. ¿De qué sirve pensar tanto si no puedo actuar? Siento que mis palabras se las lleva el viento, que lo que hago siempre tiene menos valor, que mi tiempo pertenece a otros. Otros que manejan mi subconsciente; mis emociones me vuelven vulnerable. 

Me siento manipulado. Mi conciencia me hace sentir pequeño, indefenso, dependiente. Es ella por la que me siento obligado a quedarme, como un yugo o una soga, sin poder elegir ser libre, sin poder volar. Siempre hay algo más importante que yo, algo externo que no depende de mí, pero que me hunde y me impregna con su tufo. No sé cómo librarme de él. No puedo hacerlo. Grito y no se me escucha, explico y no se me entiende. 

Estoy cansado. Mis palabras están vacías y mi cuerpo, endeble. No tiene sentido seguir así. La banqueta tiembla bajo mis sangrientos pies. ¿Qué estoy haciendo...? ¡Quiero volar, ser libre! ¡¡Pero joder!! No puedo hacerlo con una conciencia vulnerable... y esta soga... siempre ha sido demasiado fuerte.