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La verdad

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Pronto se encontró con la verdad en las narices. No sabía cómo había estado tan ciega, y a pesar de sus intentos por eludirla, al final le explotó en la cara. No podía ignorarlo más.  Era un conjunto, un todo. No era solo cosa de dos días, sus sospechas se habían corroborado . No era algo superficial o un maldito capricho. Estaba segura de que los indicios eran claros. Pudo darse cuenta, era casi de película. Aterrador, porque aquello era verdad. Puede que fueran esas manos, o quizá solo su forma de hablar lo que había hecho que se enganchara. Igual eran esos ojos con oscuros secretos. Puede que hubiera sido su forma natural y sencilla de tratar a todo el mundo o igual esa desquiciante sonrisa .  O no, simplemente había sido ese perfeccionismo innato, esa facilidad para hacer cualquier cosa lo que le había hecho sospechar de él. Había algo terrible escondido detrás de esa impresionante apariencia impoluta. Sí, se dio cuenta de su amabilidad, de sus impecables moda...

Mañana

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Y con la promesa de un mañana, la dejé partir. Esperando, casi rogando en secreto que ese mañana no fuera solo una muestra de cortesía. O una ilusa intención.  O una mentira apaciguadora. Porque en realidad yo la quería. Como el blanco quiere al negro. La noche al día. El bien al mal. Casi como una necesidad oculta. Yo la quería. Pero no se lo demostré. ¡Maldita sea! Porque creía que volvería. Pero jamás lo hizo. Se despidió de mí como de uno más... agitando frenéticamente su mano, como una niña pequeña, con su vitalidad y su ingenuidad. Y me dejó ahí plantado, con una sonrisa de tonto, estúpido e incrédulo, tal y como lo describen mis amigos. Bueno, concretamente dicen que tenía cara de gilipollas. Pero no puedo atestiguarlo. Yo no pude verme.  Solo la veía a ella; radiante, esplendorosa. Con un vestido naranja... o salmón como lo llamaba ella. Diciéndome, diciéndonos pero diciéndome, que volvería pronto. Y como tontos la creímos, la creí. Con la canción de Gianluca qu...

Qué importa

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Tengo frío. El viento consigue colarse por mi cuello, levanta mi vestido, me estropea el peinado. El que había pensado para ti, todo mi look a la mierda. Dos malditas horas probándome ropa para nada. Pero eso es lo de menos, él ni siquiera se ha fijado en mí. No se ha percatado de que es el vestido que llevaba el día en que empezamos. No se ha fijado en que llevo el recogido que le gusta a él. No sabe que este maquillaje resalta mi color de ojos. Todo eso no ha servido para detenerle. Su idea de dejarme es firme. No soy yo, desde luego. Ya me lo ha repetido cien veces. Y aunque no lo diga es evidente... si no soy yo, es que hay otra. Ya no me mira, ya no me ve. Y qué importa eso. Ya nada importa. Hay otra.

¿Qué más puedo pedir?

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Una vida con comodidades cubiertas, un marido en casa, obediente. Unos hijos que me adoran, un trabajo satisfactorio y estable. El confort se mire por donde se mire. Estabilidad económica, sentimental, y física. ¿Qué más puedo pedir? Quiero sentir el riesgo, la adrenalina, el deseo de lo prohibido. La emocionante sensación de tener un secreto, para mí. Algo que haga más emocionante mi vida. Comprobar que sigo siendo una mujer deseable. Pues nada, un amante. Necesito un amante.

Una mano negra

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Se extiende por encima de mi cabeza, me tapa la luz y me deja sin respiración. Siento que me asfixio, aunque nadie me toca. Veo mi vida en blanco y negro, no tengo ilusión, mi inocencia se ha marchado. No puedo moverme. Sin poderlo remediar, pierdo la inspiración. Y tampoco lo evito.

Sorprenderte

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Sorprenderte con algo, por pequeño que sea, es un placer para los sentidos. Tu cara intrigada, esa mirada traviesa de quien tiene un regalo entre sus manos y desconoce su contenido. La mirada de un niño, pura magia. Tu respiración incluso algo agitada, instantes antes del descubrimiento. Ese silencio tierno, de quien se maravilla al contemplar algo hecho exclusivamente  para él . El saberse especial y único para alguien que, además de quererte apasionadamente, te pilla desprevenido. Te das cuenta de hasta dónde soy capaz de sorprenderte, esa persona a la que creías conocer perfecta y rutinariamente. Y por fin, tu abrazo, sentido y agradecido, silencioso, lento. Y en un susurro, tu voz. Casi quebrada, en un hilillo difícilmente perceptible: "te quiero mucho". Yo también te quiero.

Caprichosa fortuna

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El bus iba infestado de sudor y cansancio, la mala leche se repartía caprichosa cada dos o tres metros, mientras que la frustración bailaba solitaria entre los adolescentes hormonados y esos ancianos con el peso de sus recuerdos oprimiendo su pecho y encorvando su joroba. Lo confieso, me sentí afortunado.

Un día cualquiera

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Una melodía suave, interpretada por un pianista internacional. Lentamente, las notas me van invadiendo. Siento la calma llenar cada centímetro de mi piel. Mis músculos se relajan, me olvido de las preocupaciones. Solo existe el ahora. Tengo los ojos cerrados, a mi lado, estas sentado tú con tu respiración acompasada, a la par con la mía. Nuestras rodillas se tocan. Te mueves, acercas tu cuerpo hacia mí. Aún con mis ojos cerrados, me susurras algo al oído, muy bajito.  - ¿Bailamos o queda muy cursi?  Como respuesta te doy mi mano. Nada es cursi cuando hay un amor sincero, desinteresado. Esa es mi teoría, al menos. Nos abrazamos, en mitad del salón de un día cualquiera, entre semana, antes de una cena cualquiera. Nos movemos despacito, al ritmo del piano, de un lado a otro, dando vueltas. Tu respiración ahora en mi nuca, es más tierna que nunca. Lo tengo claro. Eres el amor de mi vida.

Fuego que no quema

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Te veo, pero no te siento. Me tocas, y no te creo. Me sabes a poco. Mi chip ha cambiado, ya no eres perfecto. Ahora veo tus fallos, ampliados. Cuanto más me fijo, más encuentro. Se acumulan en una lista invisible, sin poder yo controlarlo. Se suman y suman y pesan. Y ya no te veo a ti, ya no me das paz. Ahora solo eres un montón de fallos, que no quiere cambiar. La lista, que tanto tiempo he evitado e ignorado, está más viva que nunca: en mi cabeza. Sé de memoria cada error, cada fallo, cada estúpida discusión. No lo he anotado, te juro que no. No la he memorizado. Pero cada puto enfado se graba a fuego si no lo arreglamos, si no lo hablamos.  Está grabado a fuego. Ya no quema. Porque ya no siento.

La espera

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Hace tiempo vi pasar algo parecido al amor y lo ignoré. Lo pasé por alto porque no era puro, estaba viciado y algo subidito. No sabría decir cuánto de ese aire de superioridad me atraía y cuánto me causaba repulsión. Incluso podría decir que me producía vergüenza ajena, verlo tan seguro de sí mismo, tan provocador, aunque quizá sea la experiencia la que hable ahora, y entonces solo veía la nube del amor flotando a mi alrededor. Como en esas películas Disney, las expectativas estaban demasiado alentadas. Sí, lo vi pasar y, sin embargo, lo ignoré. Lo rechacé por todo esto y mucho más y seguí esperando.  Con el tiempo, vi pasar otro amor. Uno cálido y fugaz, casi triste. Un amor efímero que no llegó a dejar grandes secuelas, o eso cree él todavía hoy. A este le abrí mi puerta, lo saludé cordialmente, le invité a merendar y finalmente lo despedí con la misma cordialidad y naturalidad con la que le había invitado a conocerme. Se fue igual de rápid...

Mujer enamorada

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Mujer enamorada es la que espera la llamada durante todo el día, la que planifica en función de lo que haga él, la que con verlo se le escapa una maldita sonrisa incontrolable. Una mujer enamorada está atontada, embelesada, no rige ni controla en modo alguno sus sentimientos. Ya no puede fingir que no le ve con otros ojos, ya no puede ocultar sus sentimientos o hacerse la difícil. Ya están las cartas sobre la mesa. La mujer enamorada vive solo para la felicidad de su enamorado, intenta complacerle siempre. Tiene una broma para él en cualquier momento, porque... ¡cómo le gusta esa sonrisa! Se vuelve ñoña e incluso cursi, no puede acabar ninguna frase sin un "cielo, encanto, corazón o pastelito" si le apuras. Cuando están en grupo siempre tiene la oreja puesta en su conversación, no vaya ser que diga algo bonito a sus espaldas, porque todavía no conoce lo malo. Una mujer enamorada quiere, necesita caer bien a los familiares y amigos del afortunado, porque lo...

La vi y ella me vio

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La vi y me vio. Bueno, ¡os diré la verdad! Me hice el interesante con mi Estrella Damm entre las manos. Fingí que me importaba más la minifalda de la camarera que, sí, era muy corta. Pero en lo único que podía pensar era en su sonrisa. Obviamente eso nunca se lo he dicho a ella porque es de marica perdido. No. A ella solo le digo cosas desagradables como que su ego le tiene comido el coco y la ha dejado tonta. O que su nariz kilométrica puede detectar zombis y aspirar un hormiguero entero al mismo tiempo. Pero ella se ríe y me contesta alguna bobada. Me gustó el día que me dijo que mi pelo no tenía arreglo y que mi abuso de la gomina acabaría con las plagas de mosquitos. Sí. Sé que le gusto. No lo digo porque nuestros signos del zodiaco tengan una compatibilidad del 85% o porque su apellido rime con el mío. No, esas chorradas no importan. Lo sé porque aquella noche yo la vi y ella me vio. Se hizo la encontradiza al llegar hasta la barra. Si supiera que llevaba media hora esperá...

Las expectativas

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Yo no creo en ellas. Creo que solo sirven para confundir al ser humano. Le hacen llenarse de un sentimiento embriagador, casi irresistible, de esperanza . Una inútil e infundada esperanza que luego se transforma en frustración, en la mayoría de las ocasiones. ¿Para qué ilusionar a nuestro corazón, confundir a nuestra mente y dibujar un futuro que no existe? ¿Qué tiene de bueno crear esa farsa si más tarde no va a convertirse en realidad? Alimentarla solo provocaría un dolor mayor, una exacerbada diferencia entre la ficción y la realidad, una huida en vano de la burda existencia. Solo consiste en aceptarlo. Aceptar la mísera posibilidad de triunfo , la ínfima casuística a nuestro favor. El riesgo es grande, la pérdida también. ¿Por qué agrandar dicha pérdida con el sentimiento de frustración que sigue a una expectativa muerta, corrompida, desvanecida? No sé vosotros, pero sin la expectativa, ya nada nos queda. Preferiría vivir atada de pies y manos durante toda mi vida, a protagoniza...

Juego de estrategia

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      Los hombres son débiles . Todo lo que tienen no es más que una burda apariencia, un triste papel que interpretan para sentirse deseados. Pero cuando una mujer les da la espalda, ¿qué le pasa a ese donjuán sin remedio? Lo mismo que a todos: se cree que ella volverá arrastrándose detrás de él. Y lo peor es que ella lo hará. "Porque ya no existen los hombres de antes", se autoconsuelan muchas. Él creerá en el peor de los casos que guiñándole un ojo la próxima vez la volverá a tener rendida a sus pies. Hacen creer, por un periodo corto de tiempo, que ellas tienen el poder. Pero no debemos caer en el engaño: tan solo forma parte de su ingeniosa estrategia . Y aceptemos un hecho sobradamente extendido y raras veces reconocido: a nosotras nos gusta mandar, pero, en un lugar todavía más recóndito de nuestra cabeza, también nos gusta arrastrarnos. Que ellos no nos lo pongan fácil, afrontar el reto. Y es que, para qué vamos a negarlo, nosotras tamb...

La desgracia de ser guapa

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    Una mujer camina por la acera. Figura esbelta, curvas estilizadas, piernas largas. Para ella, a su alrededor solo hay hojas muertas y escaparates vacíos: ella es la moda. Tacones altos, vaqueros ajustados, escote pronunciado. Una ligera brisa hace bailar su pelo. Gafas grandes resguardan sus ojos del sol matutino. Llama la atención  Lo sabe y le gusta. Un joven se cruza con ella. La ha mirado tímido desde la distancia. Cuando está a unos metros la mira, sin disimulo. Ella ni lo ve. Sigue mirando al horizonte, barbilla alta, espalda recta. El chico se choca contra una papelera. Ella impasible no gira la cabeza. Abstraída en sus pensamientos, ajena a este mundo.         Dobla una esquina. Sigue andando. Tacón  punta. Tacón  punta. Le llega el turno a un adolescente en bicicleta. Ella suspira. Su andar es acompasado, constante, limpio. El chico pierde el control de su bicicleta después...