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Mostrando las entradas etiquetadas como Sobre el sentir

Eres tú

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He visto y he sentido. He vivido y he huido. Ahora algo me inquieta. El viento trae restos de un pasado olvidado. Eres tú. Vivo, pero no duermo. Malvivo. Te veo en otros rostros, te siento en otras manos. Me inquieta, te lo digo, este mundo que algún día fue tuyo. Y ahora ya ni siquiera es mío. Ya no vivo, ni sueño. Te maldigo.

Efecto placebo

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Esta es una entrada de desconsuelo. No pretendo animar a nadie a hacer explotar su mundo, pero el mío ahora mismo está en ese momento crítico en que eres consciente de que estás a punto de tomar una decisión importante, o necesitas tomarla. De esas que pueden desestabilizarte o bien seguir como si nada hubiera pasado, colmando ese vasito de paciencia que tiene más volumen del que creías inicialmente. Así de graves están las cosas. He sentido ganas de morderme el puño y lo he hecho, he notado crecer dentro de mí una ira que no he sabido contener. He deseado salir bajo la lluvia en esta fría noche de enero con el único propósito de sentirme viva. He tenido el incontenible deseo de arañarme, correr y boxear y finalmente he golpeado la pared con tanta fuerza que mis nudillos se han resentido. Toda la violencia que siempre he criticado en los hombres que no saben canalizar su ira, la he protagonizado yo. Solo me queda tragarme mis palabras (y mi orgullo, que es más pesado) y continu...

Mientras mi sonrisa dure

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Su corazón había oscurecido y no sabía por qué. Sentía rechazo hacia todo aquel que le llevara la contraria y, muy a menudo, su rostro aquejaba una desagradable mueca de asco. Tan pronto como volvió a su casa se hizo consciente del ambiente tenso que le rodeaba. ¿La enfermedad le había vuelto despreciable o solo le había hecho ser consciente de que lo era? No podía valerse por sí mismo y sentía su cerebro flotar en una especie de acuario apacible y sin vida, donde las aguas turbias, y más densas de lo esperado, no dejaban vislumbrar el camino a seguir. Se sentía perdido, no podía nadar hacia adelante sin temer por su vida, ni recordar la que le había traído hasta allí. Tal vez la desesperanza, el hastío o puede que el orgullo le hubieran transformado en el ser egoísta y desagradecido que ahora era. Sus labios rara vez pronunciaban palabras agradables y su mirada no tenía brillo. Parecía como si su cuerpo lo habitara un ser desprovisto de alma, que vagaba en el cuerpo de un...

Traición

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La acompañé a su dormitorio. Su cuerpo temblaba por todas partes, mientras lentamente nos movíamos las dos juntas, casi sin levantar los pies de las frías baldosas. Despedía un olor cansado, antiguo, almibarado con un toque dulce y familiar al mismo tiempo. Su cuerpo, larguirucho pero completamente encorvado hacia delante, se apoyaba en mi solícito brazo como si de un bastón se tratase. La metáfora me hizo sonreír con melancolía. Ella, que siempre había sido nuestro pilar, también se llamaba así. Mi abuela, la mayor de ocho hermanas, la trabajadora e incansable, la paciente, la bromista, la filósofa, la única superviviente. Noventa y siete años de vida.  La conversación versaba sobre lo rápido que pasaba el tiempo y lo alta y guapa que me encontraba. Una parte de mí pensaba "de qué me va a servir si voy a acabar así de encorvada". Mi otra parte le decía con dulzura "no te creas nada, abuela, la mitad es maquillaje". Ella sonreía con energía, mientras sus ojos...

Marioneta

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Hace tiempo que debí pronunciar tu nombre pero lo olvidé. Olvidé el tiempo que estuvimos juntos, en el que fuimos felices y corríamos a la misma velocidad que nuestra vida, sintiéndonos dueños del tiempo y de la felicidad misma. Recuerdo esos días con nostalgia y cariño, donde antes había dolor ahora hay calma, donde había rencor solo queda silencio. El silencio que tan cómodamente compartíamos y las miles de palabras que nos inspiramos. Ahora el tiempo pasa rápido por mi lado, ignorando mi presencia, casi con regocijo me mira de soslayo y sonríe con picardía. Sabe más que yo, conoce mi destino y mi final, y yo soy una simple marioneta que olvida sus recuerdos e imagina los que vendrán.

SMS

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Escribo y borro. Escribo y borro. Escribo. El miedo vuelve. Mi valor se encoge. Tu imagen está viva. Mi recuerdo me acobarda. Tu sonrisa contagia. Mi esperanza crece. Tu inseguridad me mata. Mi abatimiento llega. Tu partida me destroza. El miedo llega. Y borro.

Desde mi ventana

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La noche sentía celos de ti, probablemente. Te veía ahí tirada, con tu cuerpo entrelazado en unas sábanas blancas y tu respiración profunda, tranquila, al ritmo de unos latidos que alimentaban tu profundo sueño. La noche estaba celosa, seguro, y no porque fuera yo quien te hiciera sentir esa paz, sino porque ella nunca había compartido eso con nadie. Solitaria y burlona, la noche se asemejaba más a mí de joven, cuando cerraba las discotecas y olvidaba el nombre de mis conquistas. Cuando el alcohol corría por mis venas con más familiaridad que mi propia sangre. La noche era mi mejor amiga, mi confidente. Por aquel entonces tú solo eras una insulsa estudiante de química, encerrada en tus libros y tus horarios, camuflada bajo unas enormes gafas de pasta y un abrigo XXL. Caminabas arrastrando ligeramente los pies y saltabas el último escalón de las escaleras, conservando un halo infantil enigmático y enternecedor. Ahora te veía ahí profundamente dormida, tan sencilla, tan ...

Miedo

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Tenía miedo de reconocer que no se sentía como esos personajes de sus novelas que derrochan pasión, valentía y determinación. Esos personajes protagonistas que consiguen erizarnos la piel con sus aventuras persiguiendo un sueño o un amor, con los que nos identificamos todos en nuestra lectura y a los que citamos en los consejos que abanderamos cuando el timón lo lleva otro.  Sin embargo, a la hora de la verdad, después de la vorágine, cuando el mar ha vuelto a estar en calma y las decisiones ya han sido tomadas, en ese momento es cuando pensamos en la valentía. Esa que nos faltó en el momento preciso y el lugar indicado. En ese momento, en la inmensidad de la noche con un par de estrellas guiando nuestro insomnio, vemos dibujarse finas líneas doradas en la oscuridad recordándonos con pasmosa exactitud los rasgos de nuestro amado o el camino de vuelta a casa. Ese que no hemos sido capaces de seguir porque el miedo, el terror a perdernos, ha nublado el horizonte e intoxicado...

Cara a cara

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Discutir con él empezó a ser una costumbre. La distancia se empeñaba en ensombrecer nuestras palabras, ocultar nuestros deseos y enturbiar los pensamientos. Todo podía malinterpretarse, todo podía verse tras las gafas de la desesperanza y el desconsuelo. Las ganas de quererse se consumían por la necesidad de abrazarnos. Nada podía compararse a tenerlo delante, entre mis manos, claro y sencillo. Con nuestras miradas explicándose lo que las palabras no podían, añadiendo una intención limpia y dándonos un sentido. Fácil. Puro. Uno frente al otro. Cara a cara.

Oasis

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Me creía viva y poderosa justo antes de dejar que aquella emoción me invadiera por dentro, y la sentí hacerse dueña de mi cuerpo, extendiéndose​ a la punta de mis dedos hasta que la pesadez me impidió mover ni uno solo, sumiéndome en un estado letárgico, un excepcional y dulce oasis inquietantemente pacífico, rodeado por buitres ansiosos que me miraban desafiantes mientras mi cuerpo, cada vez menos mío, me abandonaba a una paz de la que no querría —ni podría— escapar en mucho tiempo.

Enamorarse es fácil

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Enamorarse es tan fácil que asusta. Da miedo sentirse atraído, dependiente e inseguro, por una persona que antes pasaba desapercibida o ni siquiera conocías. Es tan sencillo ver las cosas que nos unen, similitudes que parecen coincidencias, preguntas y respuestas lanzadas como por encargo, sacadas de una película con psicología barata, ocasiones de verse sin importar el momento ni el lugar. Cualquier acontecimiento es una oportunidad. Entran ganas de dejar cualquier cosa solo por estar a su lado, prefieres hablarle durante horas hasta que las fuerzas se te acaben, se te olvida el sueño, se te olvidan las responsabilidades. Esa nueva persona parece prioritaria, aparece en tus pensamientos continuamente con el recuerdo de una conversación reciente, se cuela en conversaciones ajenas, en canciones y en momentos. Su imagen reaparece en tu cabeza, siempre presente. Lo que no vemos es que se puede sentir eso prácticamente con cualquier persona, pero lo disfrazamos de algo único, c...

Un Sinsentido

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Quiero confesar que tras un par de días sin saber de ti, echo de menos tus palabras de consuelo, tus comentarios burlones y tus historias sinsentido. Añoro las llamadas nocturnas, los dobles sentidos y esa mirada tuya, solo tuya. No puedo olvidar los consejos oportunos, las broncas absurdas y tus rayadas, o las mías. Lo echo todo de menos pero, si te soy sincera, en parte me aburre, incluso lo odio y hasta lo aborrezco. Estoy cansada de tus bromas repetitivas, tus absurdos malentendidos y tus promesas de un futuro que no llega. No quiero tener que mirar el móvil como una psicópata frenética esperando tu respuesta que solo aparece en función de cómo sople el viento.  Porque ahora lo sé: tu imprevisible atención no es un cuidadoso arte de cortejo, simplemente no responde a la lógica. Odio depender de algo tan cambiante como tu humor diario o mi tolerancia a tu ambiguo discurso ético. No tolero tu sentido de la priorización ni tu fastidioso sarcasmo, y me asquea que mi honestidad s...

Recuerdos

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Seguía viendo aquellos vídeos una y otra vez, hasta la madrugada. Evocaba recuerdos de sus hijos, cuando todavía bailaban graciosamente al son de cuatro notas melodiosas. Los pequeños solían aplaudir su propio baile al finalizar y una sonrisa inmensa ocupaba todo su rostro, y este tenía un fiel reflejo en el de su madre. A veces se la oía reír a carcajadas a través de las paredes, desde su dormitorio. Supongo que eran recuerdos agridulces, después de todo.  Ahora aquellos hijos hacía tiempo que habían abandonado el hogar en el que habían crecido y ella, rodeada por una soledad que impregnaba cada pared, solo podía recordarlos con frecuencia y esperar sus esporádicas visitas. Como su vecina, solo podía compadecerla.  Yo misma había presenciado algunos de sus encuentros con sus preciosos hijos. Había visto la radiante luz en sus jóvenes ojos apagarse con el paso de los años, y el pequeño destello que reaparecía en ellos cuando se producían esos reencuentros. Había...

Te sigo

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Te sigo donde quiera que me lleves. No tomes mi mano, que me agobio si noto esa fuerza tirando de mí, pero tranquilo que yo te sigo. Vamos juntos a un lugar más bonito, te acompaño encantada. Guíame. Es curioso que no me obligues, es justo lo que esperaba de ti, al menos esa es la imagen que proyectan sobre Ti. Pero Tú aun sabiendo que eres lo mejor para mí, te apartas. Te quedas en la penumbra, entre frío mármol y piedra, esperando, esperándome. Y es gracioso que esa posibilidad de elección que me das, sea precisamente lo que me hace elegirte. No estoy segura de si es así con todos, pero a mí me atraes. Es tu presencia, tu halo de misterio, tu bondad.  Tú, con tu aire infantil, tu pacífico modo zen siempre activado y esa despreocupación por todo lo que a los demás nos quita el sueño, me enseñas cosas que ignoro y me haces recordar con tus gestos esos valores que hoy ya se desvanecen. Pero tú me los regalas cada día, como si nada, sin esfuerzo. Haces que vuelva a creer e...

Encerrado

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Yacía en la misma postura la mayor parte del tiempo, mientras le ayudaban a realizar todas las actividades de la vida diaria. Él intentaba moverse, pero la orden no llegaba, se quedaba estancada en algún punto del recorrido, entre su cabeza y su extremidad. Durante mucho tiempo sufrió la impotencia y frustración de saberse inútil para cualquier cosa. Le preguntaban cosas fáciles para retarle y, sencillamente, no recordaba la respuesta. Sabía a ciencia cierta que estaba jugando al escondite, remoloneaba por ahí dentro y casi parecía que se estuviera burlando de él, su dueño durante mucho tiempo. Pero ya no corría esa suerte, caminaban uno al lado del otro, pero por carreteras pedregosas, largas y cuesta arriba, siempre en paralelo. No tenía pinta de que aquello pudiera volver atrás, cuando rápido y astuto, era dueño de sí. Ahora sus recuerdos, todo lo que él había construido con tanto mimo y esfuerzo, tenían vida propia, una aletargada, caprichosa y taciturna que no respondía...

Cara bonita

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  Gorda y fea, o por lo menos feúcha. Todo sería mucho más fácil. No tiene nada de bueno gustar a todo el mundo, gustar físicamente, sin mérito, sin que te dejen tiempo para demostrar lo que hay más allá de esa careta. Todas quieren ser guapas, más rímel, más morros, más sombra y más tacón. Pero no se dan cuenta de que eso juega en su contra. Solo es una muestra más de la superficialidad y la tontería. El triunfo de las apariencias sobre la inteligencia. Y para colmo de lo absurdo nos ponemos gafas sin necesitarlas solo porque son monas y dan un aire intelectual; y si cuela, cuela. Pero si encima resulta que eres lista, tienes un criterio propio y algo de sentido del humor, caput. Se te enamoran todos. Por mucho que expliques que solo quieres amigos y no eres de esas que torturan creando falsas esperanzas con dobles sentidos, jugando con los sentimientos ajenos, no importa. Elogiarán tu sinceridad al principio pero mantendrán la esperanza viva, por si cambias de opinión y cons...

La soga

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Lo tengo, la solución es volar. Lo sé, un hombre no puede hacerlo. Pero cuando todos los caminos posibles están cerrados, cuando me ponen tantas pegas y la señal que espero empieza a resistirse, solo pienso en saltar y dejarme llevar. ¿De qué sirve pensar tanto si no puedo actuar? Siento que mis palabras se las lleva el viento, que lo que hago siempre tiene menos valor, que mi tiempo pertenece a otros. Otros que manejan mi subconsciente; mis emociones me vuelven vulnerable.  Me siento manipulado. Mi conciencia me hace sentir pequeño, indefenso, dependiente. Es ella por la que me siento obligado a quedarme, como un yugo o una soga, sin poder elegir ser libre, sin poder volar. Siempre hay algo más importante que yo, algo externo que no depende de mí, pero que me hunde y me impregna con su tufo. No sé cómo librarme de él. No puedo hacerlo. Grito y no se me escucha, explico y no se me entiende.  Estoy cansado. Mis palabras están vacías y mi cuerpo, endeble. No tiene senti...

Autorretrato

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Lanzo un órdago a mis emociones. Porque yo soy más fuerte que ellas, no me dominan. Segura de mí misma en lo importante, soy peleona y cabezota, muchas veces solo por el afán de llevar la contraria. Soy una romántica empedernida lo reconozco, ahí me ganan ellas, pero porque les dejo. También soy caótica, despistada y abstraida. Me dejo invadir por lo que me rodea, por lo que me hace sentir. Algunos dicen que soy emocionalmente inestable, pero no, yo les cedo a mis emociones algo de protagonismo, faltaría más. Dirán que como todas las mujeres, pero no, yo más. Pero sé vivir con ello. Vivo con pasión todo lo que me rodea, y siento, todo lo que puedo y más. Sufro más que la mayoría pero también disfruto como una niña cada pequeño detalle. Y lo hago porque quiero. Podría, como todo el mundo, aprender a implicarme menos. Pero lo siento, eso no va conmigo. Suelo ser amable en el trato y correcta, me gusta escuchar todo lo que tienen para decirme, salvo las faltas evidentes de sent...

Entre los dos

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Reapareciste años más tarde —según dijiste— para comprobar si era feliz. Tus intenciones parecían buenas, y lo eran. Con el tiempo tus ojos me decían más cosas. Me hablaban de recuerdos, besos sedientos, piernas que tiemblan. ¿Eran solo recuerdos? Después de tantos años de repente me sentía sola, en realidad, lo estaba. Pero también me vi entera, satisfecha, serena. Me di cuenta de que habíamos vivido, por separado, historias incompletas. Fracasos en serie, esperanzas frustradas en amores insanos, caducos. Tú disfrutabas de tu predicción, sabiéndote ganador, supongo. Como un simple espectador, no uno cualquiera, el que contempla su obra: tan alejada de tu recuerdo como tan viva seguía su huella. Algo desconocido para mí te había hecho volver, nunca sabré qué fue. Quizás ese cosquilleo, esa inevitable curiosidad de saber cómo les va a las personas que significaron algo importante. Como si tuvieras derecho a mirar, sin riesgo, por esa ventana indiscreta abierta al pasado. ...

Dentro de mí

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Algo me inquieta. Dentro de mí, siento impotencia. Como si alguna criatura habitara en mi interior, y yo desconociera su naturaleza y su propósito. No es molesta, no se mueve ni es dolorosa. Simplemente permanece a la espera, paciente. No se exterioriza, pero yo la siento permanentemente, aunque soy incapaz de moverme. Y me impaciento.  Crecen dentro de mí pensamientos malignos, las ganas de explotar, de romper todo lo que me rodea, de hacer daño. Por dentro noto un arrebato, una necesidad de llevar a cabo mis oscuros planes. Y veo mi mano cogiendo ese cuchillo, aferrándose a él, como si fuera lo único que le ata a la vida. Intento frenarlo, rebobinar, deshacerlo. Pero mi cuerpo no me responde. Ya no responde.