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Descubriendo al inseguro

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Probablemente es el tipo más complejo con el que me he topado, y lo cierto es que a primera vista, es increíblemente tentador. Un aura enigmática le envuelve, con esa elegante forma de moverse y de utilizar el don de la palabra. Todo está perfectamente estudiado. Desde su carismática sonrisa, su asqueroso descaro y su arrebatadora mirada, hasta una conversación de corte despreocupado, humor inteligente y una mordaz sinceridad. Todo en él resulta atractivo. Con el tiempo se descubren pequeños indicios de inseguridad en relación con su aspecto. Una parte de nosotros nos dice: "solo un hombre seguro de sí mismo admitiría con tanta libertad sus defectos". Defectos que, por otro lado, no son tan defectuosos a ojos de cualquiera y el pensamiento inmediato es: "si esto es lo peor que tiene... ¿dónde hay que firmar?" Ante esas pequeñas inseguridades la postura habitual suele ser la de apoyo y ánimo. Sin embargo decidí utilizar la psicología inversa y quitarle ser...

Descubriendo al psicópata

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La vi tan frágil e indefensa que no pude creer que hubiera sido condenada a cadena perpetua. Su aire angelical y sus exquisitos modales hacían de ella una mujer atractiva, su mirada frágil y penetrante resultaba casi hipnótica y su voz dulce y suave conseguían encandilar hasta a un reputado doctor. Pero yo ya había sido advertido. Mi primera visita fue un oscuro presagio desde su inicio. Ella estaba sentada frente a mí con aire escéptico y las esposas envolvían sus delicadas muñecas sobre una mesita desvencijada. Le dije: "Empecemos por el principio". Su historia resultaba bastante enrevesada aunque los detalles aparecían a menudo precisos y con coherencia. Algunas cuestiones, por pudor o vergüenza, no me fueron reveladas. No insistí. La confianza es la primera columna que sostiene la relación médico-paciente.  En mi siguiente sesión ahondamos en su malograda educación, su familia desestructurada, la muerte prematura de su madre y los maltratos de su padre. Tenía el ...

Descubriendo al mujeriego

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No me gusta presumir de ello, pero lo cierto es que había conocido a muchos hombres de su estilo. De los que tienen una sonrisa encantadora y te encandilan con un sentido del humor y conversación interesante. Valores estudiados, un discurso abierto y predisposición a la aventura.  Son en su mayoría hombres que juegan y se adoran a sí mismos, disfrutan de saborear a su alcance lo prohibido, y en ocasiones lo prueban, claro. Pero es por todos sabido que se ven a la legua. Tanto ellos como ellas tienen las cartas sobre la mesa y su modus operandi resulta demasiado evidente.  Los dobles sentidos, jugar con la ambigüedad y el narcisismo, utilizar los apelativos cariñosos y motes ridículos, o bien las batallas de sexos son algunos de sus métodos. Si os digo la verdad, hace tiempo que me cansé de enumerarlos. Al final había algo en ese tono de voz grave y meloso que emplean que los hacía totalmente reconocibles y convertía en inútil la maldita lista. También debo confe...

Descubriendo al cínico

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Hace tiempo que estoy observando este perfil de persona. Llevo acumulando opiniones encontradas sobre su actitud ante la vida, tratando de no identificarme con él y tampoco ser demasiado hipócrita. No quiero pecar de ingenuo ni de listillo. Me he convencido de que todos tenemos algo de cínicos en algún momento y algún aspecto concreto de nuestra vida, y así he conseguido reconciliarme conmigo mismo. Aquel día sin embargo le di muchas vueltas a la hipocresía, desprecio y crueldad de una persona cínica. Siempre me había impresionado la facilidad con que cambian de opinión en función del interlocutor o de quién sea la víctima en la ecuación. Su capacidad para encontrar el ejemplo más gráfico, la frase más elocuente, para conseguir que los demás nos sintamos como unos retrasados mentales, burlados por la inocencia de nuestro optimismo innato, o probablemente adoctrinado que reside en algún gen que no podemos extirpar.  Lo más curioso es que parece que el cínico es el único...

Descubriendo al melancólico

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Este era su aspecto habitual. Abstraído, ausente. En su mundo. Parecía una recurrente pose para el perfil de Instagram, pero doy fe de que ese era su estado normal. Estaba pero sin estar, aunque tuviera compañía. Esta vez no era así. Allí estaba él solo. Parecía una persona normal a la luz de una lámpara vintage de las que abundan en los restaurantes retro que están tan de moda. Los ojos de un extraño podían haberlo calificado como una persona interesante e incluso enigmática. A pesar de que aquel local no estaba concurrido, la entrada o salida de algún cliente ocasional tampoco perturbaba su concentración. Ese libro debía de ser tan absorbente como presenciar la mismísima llegada a la Luna. Pero lo cierto es que ese nivel de ensimismamiento no se debía al contenido del libro. Yo conocía los indicios que los demás ojos pasaban por alto. Me sentía una especie de Sherlock Holmes moderno, con un toque de Sócrates estudiando el comportamiento humano y disfrutando con su predic...

Descubriendo al vengador

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Lo vi en aquel momento, débil y derrotado, con sus hombros bajos y la cabeza gacha. Todo en él estaba acabado, pero su mirada desprendía un brillo feroz, una determinación clara como nunca había visto. La decisión estaba tomada y el camino sería incierto. Con el paso del tiempo fui testigo de cómo su afán por conseguir venganza no solo no disminuía, sino que se hacía más fuerte aunque conociera la derrota y los obstáculos se multiplicaran a su paso. Yo había estudiado el comportamiento de hombres vengativos y fuertes que conseguían desarrollar sus habilidades para conseguir siempre su objetivo. Pero aquello era distinto. Una causa como conquistar una tierra, apoderarse de un bien ajeno, o cometer un asesinato son hechos delictivos y antisociales, que han generado a lo largo de la historia una sensación de adrenalina y poder a todos los hombres, sin importar su edad, raza o religión, y sin embargo ninguno es equiparable al empeño del vengador. Hay algo mucho más poderoso que le...

Descubriendo al débil

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No puedo explicar con certeza en qué momento de mi vida personal terminé por entender la abundancia de la debilidad humana. En el ámbito profesional fue algo más fácil. Hubo un tiempo en el que todas las personas que conocía me parecían débiles y miserables, indignas de merecer la vida incluso. ¿Quién era yo para decidir sobre la vida de los demás? Una jueza, por supuesto. Magistrada del Tribunal Supremo, concretamente. Pero empecemos por el principio. Dos acusados deben elegir si aceptar un trato con el fiscal, a todas luces injusto para ellos pero más seguro que la incertidumbre de mi veredicto. Pactan. Una mujer testifica sobre las palizas de su ahora ya exmarido. No es capaz de precisar si sufría vejaciones, maltrato o desprecios con asiduidad. Sigue temiendo responder de forma clara. Debo absolverlo. Una prostituta me explica con un discurso muy bien ensayado que ella ignoraba la clase de trabajo que le ofrecían aquellos hombres altos y violentos. Dos o tres preguntas lar...

Descubriendo al mentiroso

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A lo largo de mi experiencia profesional me he topado con grandes mentirosos. Personas con el innegable don de inventar excusas, más o menos escenificadas, donde hallar pretextos, manipular emociones, representar personajes y, en definitiva, crear. Eran creadores y yo, su fan más incondicional. Es maravilloso ver cómo un mentiroso se cree con el absoluto control de la situación. Pero créanme, es aún más fascinante saber que está mintiendo. Reconocer a mentirosos se convirtió en mi especialidad y yo, en una valiosa arma para el gobierno. Al principio me utilizaban en casos menores, robos sin testigos, violaciones sin sospechosos, incluso asesinatos sin pruebas. Solo conjeturas. Pero todos sabemos que una condena no puede fundarse exclusivamente en eso, ¿verdad? Con el tiempo empecé a conocer el prestigio en la profesión, ser indispensable es la misma sensación de control que siente al principio un mentiroso. Sin embargo, al igual que les pasa a ellos, son traic...

Descubriendo al asesino

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Asesinaba a sangre fría y sin sentir remordimientos. El término asesino en serie parecía creado para él. Se movía rápido, de un condado a otro, sus víctimas eran de lo más dispares y no parecía seguir ningún patrón de conducta. Dieciséis estados le tenían entre los cinco más buscados del país y sin embargo seguía cometiendo crímenes con una precisión y perfección elogiables. Yo no solo había estudiado su perfil criminal, lo había creado tras analizar toda su trayectoria criminal y personal. Llevaba diez años investigándolo. Era un hombre inteligente, calculaba meticulosamente sus crímenes, no dejaba rastro y siempre llevaba la delantera. Tenía esa maldad dentro que parecía no provenir de este mundo, una persona cuya sola presencia hacía encoger el estómago y secar la garganta. Un rostro pálido y una gélida mirada azul personificaban el mal en la tierra y, sin embargo, a pesar de toda esa sangre fría, de vez en cuando mostraba tener compasión. Pequeños retazos, insignificantes,...