Entradas

Australianos por el mundo

Imagen
Lo vi mirarme. Estaba en la terraza, sentado junto a su divertido amigo. Él no era simpático, para nada, pero era el guapo. Nosotras lo supimos nada más verlos, eran el típico par de amigos. Lo que no sabíamos era que venían a pasar solo unos días. Australianos. ¡Madre mía! Cuando nos lo dijeron Carol y yo nos miramos y nos lo dijimos todo. ¡Quién no ha soñado nunca con un amor australiano! ¡A lo Elsa Pataky! La cosa siguió así. El guapo vino a pedirme otra ronda de cerveza. La pagó en metálico, soltó un par de frases con un acento adorable. Yo me quedé embobada con esos dientes blancos grabados en mi retina. Carol me miraba desde un segundo plano, a mi lado. Noté cómo el calor empezaba a subirme por el cuello y se instalaba peligrosamente en mis mejillas. Miré a mi bendita compañera pidiendo socorro a voces solo con una mirada. Ella entendió mi bloqueo, despidió al australiano con alguna broma de respuesto y me cogió por los hombros.  - ¿Qué te ha pasado, boba? - Tanta...

Futura yo:

Imagen
Acuérdate de quién eres. Cuando en unos meses priorices tu trabajo a tus relaciones sociales, acuérdate de que hubo un tiempo en el que el dinero no lo era todo. Cuando en unos años tu ambicioso mundo te empuje a aceptar encargos inmorales, evoca los valores que te inculcaron. Cuando en tan solo unas décadas mires hacia atrás y veas unos hijos ya demasiado crecidos, no te lamentes. Les habrás dado el ejemplo que no querrán seguir. Y, con suerte, tu esfuerzo les habrá dado un futuro prometedor y unos recuerdos vacíos.

El lugar adecuado en el momento preciso

Águila

Imagen
 Camiseta sudada, de tirantes, color gris. Bíceps definidos, tersos, muy morenos. Un tatuaje llamativo, cubriendo parte del hombro y subiendo hasta el cuello. Un águila. El águila de la libertad, de la expresión. Es libre para tatuar su filosofía en su cuerpo, para sudar la camiseta en el gimnasio, dos veces al día. Todos los días. Libre para sentirse realizado con un cuerpo diez. Deseado, envidiable. Porque él es dueño de su cuerpo; y esclavo, también.

Trayecto nocturno

Imagen
Adormilada, noté cómo mi tren reducía la marcha a medida que se acercaba a una de las estaciones del recorrido. A través del cristal pude ver cómo los viajeros nocturnos, uno al lado de otro, esperaban apiñados para poder subirse a los vagones. Entre las sombras de aquella pequeña estación vislumbré una silueta que me resultó vagamente familiar. Un hombre desgarbado, ágil y de complexión delgada, se abría paso entre los más rezagados para entrar en aquel tren. Mi tren. Se parecía mucho a un viejo amor. Me vinieron a la cabeza mis últimas palabras, el momento de nuestra ruptura. Recordé su paradero actual, muy lejos de allí, y secretamente deseé que aquella silueta desconocida fuera él. Incluso he de confesarme que estuve esperando unos minutos a que alguien con aromas de jazmín y tostadas tomara asiento a mi lado. Un recuerdo sí lo hizo. Vi esa mirada, capaz de atravesar medio país y colarse en mi tren, un trayecto rutinario que a todas luces él habría deducido con la pasmos...

No soy yo

Imagen
Te contaré un secreto: no soy yo la que escribe. Lo hago en primera persona para que te identifiques conmigo. Te abro mi alma y me desnudo ante ti, solo con un propósito: transmitirte confianza. Las emociones que te cuento ni mucho menos son mías: son deformaciones de pequeñas parcelas de mi alma. Las llevo al extremo, te las muestro en estado puro, naturales. Como deberían ser si nuestros miedos y prejuicios no nos obligaran a esconderlas. No significa que no existan, habitan en mi imaginación y en la tuya. Y gracias a eso están vivas. Poca gente puede apreciarlas o entenderlas, ni mucho menos sentirlas. Y por eso me veo en la obligación de mostrártelas.

Lecciones

Imagen
La vida sigue dándome lecciones que, minan mi preciada ingenuidad, mi optimismo y también mis ilusiones. A veces me paro a pensar en cómo acabará todo esto, si me convertiré en una mujer fría y solitaria —de esas que reniegan del mundo y desconfían de todo y tienen una coraza y son impenetrables y saben predecir comportamientos y leer a las personas y ellas son tan inteligentes como impredecibles y no se permiten ser vulnerables ni cobardes ni dependientes— o si podré mantener mi capacidad de sorprenderme. Quiero conservar mi esperanza en la humanidad de las personas, quiero confiar en que me quieran desinteresadamente, quiero que un gesto pequeño siga siendo importante, quiero no calcular los riesgos. Pero cada vez es más difícil, cuando la vida y sus lecciones te vuelven la alumna más aventajada de tu clase, pero tú no quieres.

La soga

Imagen
Lo tengo, la solución es volar. Lo sé, un hombre no puede hacerlo. Pero cuando todos los caminos posibles están cerrados, cuando me ponen tantas pegas y la señal que espero empieza a resistirse, solo pienso en saltar y dejarme llevar. ¿De qué sirve pensar tanto si no puedo actuar? Siento que mis palabras se las lleva el viento, que lo que hago siempre tiene menos valor, que mi tiempo pertenece a otros. Otros que manejan mi subconsciente; mis emociones me vuelven vulnerable.  Me siento manipulado. Mi conciencia me hace sentir pequeño, indefenso, dependiente. Es ella por la que me siento obligado a quedarme, como un yugo o una soga, sin poder elegir ser libre, sin poder volar. Siempre hay algo más importante que yo, algo externo que no depende de mí, pero que me hunde y me impregna con su tufo. No sé cómo librarme de él. No puedo hacerlo. Grito y no se me escucha, explico y no se me entiende.  Estoy cansado. Mis palabras están vacías y mi cuerpo, endeble. No tiene senti...

En plena tormenta

Imagen
No quiero escribir sobre un sentimiento, pero hoy hay tormenta, y eso me aterra. Suele ser una experiencia dolorosa, tratar de plasmar vivencias del alma, propias o ajenas, para que tú las entiendas. Se trata no solo de describirlas, sino de revivirlas con toda su intensidad para no perder ningún detalle. En cambio, hoy te escribiré sobre una sensación, es algo que percibes por los sentidos. Algo más superficial que no llega a acariciar tu alma. Es la sensación de estar protegido, a salvo. Empieza cuando oyes las gotas de lluvia incesantes martillear contra el tejado. Frías e impasibles, sin piedad. Una hora tras otra, de madrugada. Y bajo esa buhardilla estás dentro de una cama, cubierto por un plumas de 1.35 y una almohada blandita entre tus piernas y bajo tu cabeza. La nariz está templada, los pies ardiendo y tu respiración pausada. A los pies de tu cama, siempre en contacto con tu cuerpo, una bola de calor respira pacíficamente. Tu pequeño perro descansa tranquilo,...

Autorretrato

Imagen
Lanzo un órdago a mis emociones. Porque yo soy más fuerte que ellas, no me dominan. Segura de mí misma en lo importante, soy peleona y cabezota, muchas veces solo por el afán de llevar la contraria. Soy una romántica empedernida lo reconozco, ahí me ganan ellas, pero porque les dejo. También soy caótica, despistada y abstraida. Me dejo invadir por lo que me rodea, por lo que me hace sentir. Algunos dicen que soy emocionalmente inestable, pero no, yo les cedo a mis emociones algo de protagonismo, faltaría más. Dirán que como todas las mujeres, pero no, yo más. Pero sé vivir con ello. Vivo con pasión todo lo que me rodea, y siento, todo lo que puedo y más. Sufro más que la mayoría pero también disfruto como una niña cada pequeño detalle. Y lo hago porque quiero. Podría, como todo el mundo, aprender a implicarme menos. Pero lo siento, eso no va conmigo. Suelo ser amable en el trato y correcta, me gusta escuchar todo lo que tienen para decirme, salvo las faltas evidentes de sent...
Cuando ya no estemos para defender nuestros actos, lo único que hablará por nosotros serán las intenciones que tuvimos.

Entre los dos

Imagen
Reapareciste años más tarde —según dijiste— para comprobar si era feliz. Tus intenciones parecían buenas, y lo eran. Con el tiempo tus ojos me decían más cosas. Me hablaban de recuerdos, besos sedientos, piernas que tiemblan. ¿Eran solo recuerdos? Después de tantos años de repente me sentía sola, en realidad, lo estaba. Pero también me vi entera, satisfecha, serena. Me di cuenta de que habíamos vivido, por separado, historias incompletas. Fracasos en serie, esperanzas frustradas en amores insanos, caducos. Tú disfrutabas de tu predicción, sabiéndote ganador, supongo. Como un simple espectador, no uno cualquiera, el que contempla su obra: tan alejada de tu recuerdo como tan viva seguía su huella. Algo desconocido para mí te había hecho volver, nunca sabré qué fue. Quizás ese cosquilleo, esa inevitable curiosidad de saber cómo les va a las personas que significaron algo importante. Como si tuvieras derecho a mirar, sin riesgo, por esa ventana indiscreta abierta al pasado. ...

Dentro de mí

Imagen
Algo me inquieta. Dentro de mí, siento impotencia. Como si alguna criatura habitara en mi interior, y yo desconociera su naturaleza y su propósito. No es molesta, no se mueve ni es dolorosa. Simplemente permanece a la espera, paciente. No se exterioriza, pero yo la siento permanentemente, aunque soy incapaz de moverme. Y me impaciento.  Crecen dentro de mí pensamientos malignos, las ganas de explotar, de romper todo lo que me rodea, de hacer daño. Por dentro noto un arrebato, una necesidad de llevar a cabo mis oscuros planes. Y veo mi mano cogiendo ese cuchillo, aferrándose a él, como si fuera lo único que le ata a la vida. Intento frenarlo, rebobinar, deshacerlo. Pero mi cuerpo no me responde. Ya no responde.

Todavía

Imagen
- Lamento que te fueras tan temprano. Es posible que tu recuerdo de aquella noche hubiera cambiado. - ¿Tú crees? Como mucho podría haber empeorado, cariño. - ¿Ese es el concepto que tienes de mí? La pregunta se quedó suspendida en el aire. Ella tenía tan pocas ganas de rebatirla como él de escuchar una vez más los reproches. Lo cierto era que hacía tiempo que ella había perdido la esperanza. Él no iba a cambiar, ni ella pretendía obligarle. Solo quería conservar un buen recuerdo de él. No intentaba recuperarle. No intentaba recuperarle. Porque superar una pérdida no consiste en olvidar algo, sino en recordarlo sin dolor. Pero el dolor no es algo que podamos controlar. Y todavía dolía.

Es posible

Imagen
Sé que a primera vista puedo parecer una mujer interesante. Puede que sea mi natural delgadez, mi figura esbelta, mi paso grácil y desgarbado, casi infantil y aparentemente despreocupado, combinado con mi semblante serio y observador, un humor mordaz y una mirada rápida e inteligente. Puede que toda un aura me envuelva, prometiendo al que me observa buenas dosis de misterio y romanticismo, a partes iguales. Es posible también que mi falta de interés por las tecnologías pueda resultar chocante en una joven, pero me dota de una cualidad envidiable: la atemporalidad. Jóvenes y no tan jóvenes se ven irremediablemente atraídos por mi encanto porque a unos les despierto el interés por lo desconocido y a otros la nostalgia de sus recuerdos. En ambos casos, saben que mi tiempo es preciado y precioso porque no me importa su transcurso, y así crece la calidad de mi compañía, por supuesto. Algunos dicen que mi voz es enigmática y otros que despierto un instinto protector en ellos, a ...