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El último vuelo

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Vuela y siente el agua correr frente a él. Pequeñas gotas de agua le salpican el rostro, aliviando su sufrimiento. Un pesar que dentro de muy poco habrá olvidado.  La brisa fresca se cuela entre su pelo, entre sus dedos, renovando sus fuerzas. Hace muy poco que ha aprendido a vivir solo y, aunque es consciente del escaso tiempo que le queda, ya empieza a sentir nostalgia de la vida.  También los peligros le acechan, vigila su retaguardia con una audacia instruida pero inexperimentada, temerosa aún. Ahora ya nadie lo protege, saben de su fragilidad, de su inocencia también, pero él está solo. A pesar de ello tiene las ganas de probarse a sí mismo, de correr y gritar y sentirse libre por primera vez. Salir de casa le ha sido duro, ahora debe encontrar su pareja, tiene muy poco tiempo. Ese es el curso de la vida, así se lo han enseñado. La primavera es la época más propicia para enamorarse, los olores y sabores son mucho más intensos​, hasta el aire es difere...

Instante de peligro

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¿Un pájaro piando de madrugada? Era, por lo menos, algo inusual. Ella volvió a cerrar sus ojos intentando conciliar el sueño con aquella nueva banda sonora. De pronto, un cambio de luces, como una ráfaga de sombras que cruza en el interior de sus párpados, adueñándose de la escena. Eso es, todo en penumbra, solo que aquello no era una película. El pájaro tampoco hablaba ya. El silencio contenido del público antes del último acto. Ella abrió sus ojos y se acercó hasta la ventana. La fría noche invitaba a descubrirla. Cogió otro cigarro, lo encendió y en la noche oscura su cara quedó iluminada por un breve momento. Salió al alfeizar de su ventana. Una niebla espesa seguía instalada en el ambiente. Aquel invierno estaba siendo demasiado largo. Buscó entre las ramas de los árboles cercanos, esperando encontrar a aquel pajarillo trasnochador que parecía volver de una noche de juerga. Pero no encontró ni un leve crujido entre las sombras. Ni un movimiento entre el silencio noctu...

Rutina

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Se despierta su mente, busca el móvil a tientas, lo coge, abre sus ojos, mira la hora, suspira. Se levanta, hace su café, coge la taza, va a su cuarto, se viste, se peina, sorbe. Se perfuma, se cepilla los dientes, se calza, coge su cartera, besa a su pareja, cierra la puerta. El ascensor llega, desciende, se frena. Un taxi espera, se sube, le indica, llega. Entra en su oficina, cruza el vestíbulo, el ascensor sube, en la quinta planta se baja. Camina sobre el mármol, el barullo aumenta, una sala de juntas le espera, el silencio se impone. Once personas callan, la mesa cubierta de papeles, en la pantalla un gráfico, él se sienta. Dispuesto a iniciar su discurso, una desconocida presencia le distrae.  Ella está sentada en la otra punta de la mesa, con una pila de papeles delante, gafas negras, mirada seria. Orden en sus apuntes, limpieza en su caligrafía, capacidad en su informe, femenina en su atuendo, segura en su peinado, humilde en su bisutería, étic...

Causas perdidas

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- Hubo un tiempo en que lo nuestro fue bonito, fue verdadero. No estoy segura de que fuera amor y no quiero rivalizar en franqueza contigo, pero algo hubo. - Lo cierto es que para mí significaste mucho. - Lo sé, "mucho". Pero no todo. Nunca lo fui todo. Empezó siendo algo sencillo, unas pinceladas de vida tranquila y despreocupada, teníamos todo lo que queríamos, nos teníamos a nosotros y eso bastaba. - ¿Qué crees que falló, entonces? - Empezamos a querer más. Saber más, tener más, tenernos más, conocernos más: se rompió la magia al descubrir tus manías y defectos... - Todo el mundo tiene manías, tienes que entenderlo. - Y lo sé pero... Creo que nunca llegué a aceptar las tuyas. Siempre tenía la impresión de que eran, no sé... Pasajeras. Creía que cambiarías. - ¡La historia de siempre! - Lo sé... ¡Caigo en los clichés! Pero el tiempo me hizo volverme caprichosa. Curiosamente, me aferré a la idea de salvarte. ¡Como si fuera yo la Madre Teresa d...

Borrador

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Sentía orgullo, un placer inmenso por el trabajo realizado, una felicidad desmedida por haber concluido su obra. Una obra que había pasado demasiado tiempo en su cabeza y otro tanto enjaulada en la carpeta "Borradores" de su ordenador. Había dormido en sus brazos, desvelado sueños e interrumpido sus comidas. Porque había aprendido que cuando la inspiración llama a tu cabeza, tu corazón no puede esperar. O viceversa.  Obligado por una corriente superior a tus fuerzas terrenales te lanzas a la aventura, corres, te ríes y también lloras. Y sueñas, sueñas a todo color y con todo lujo de detalles, sin escatimar. Y luego muestras tu obra, tu bebé, tu pequeña novela, el sueño de una vida, el viejo propósito de cada año nuevo.  Sin embargo, tu creación muere antes de nacer. Es rechazada por una, y otra, y otra editorial. Nadie apuesta, no arriesgan. "Eso ya no se lee, no va a vender." Te dicen que no será un éxito, que vuelvas a intentarlo más adelante, con otra co...

Fuego

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El frío ambiente invernal traía olores a maderas quemadas. Recuerdos de un pasado lejano volvían a mi cabeza, plasmando en mi retina imágenes demasiado nítidas todavía, donde el dolor y el miedo se disputaban el papel protagonista de la historia.  Ya solo quedaban pequeños momentos de placer donde disfrutaba de detalles de la naturaleza. Un angosto riachuelo, una colina perfilada en el horizonte o simplemente el bello cantar de un colibrí despreocupado podía erizarme la piel y mantenerme meditando durante unos cuantos minutos. Sin embargo, no quedaba lejos el día en que me habían sido arrebatadas mis más bellas posesiones y mi único amor, dejándome abatido en la más devastadora de las desgracias.  La soledad era ahora y desde entonces mi única compañera de viaje; el tiempo y la belleza de nuevos rincones por descubrir me habían devuelto el sosiego y la voluntad de sobrevivir en un mundo maldito que se había cebado conmigo sin piedad. Lejos de autocompadecerme, b...

Sola, no

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No. No me siento sola. Ni aburrida, ni tampoco vacía. No, yo tengo mi vida, mi trabajo. Tengo 274 amigos en Facebook, un vecino anciano que me saluda todas las mañanas y un vagabundo que me piropea al entrar en la estación de metro. Un farmacéutico que me sonríe siempre y un cajero de Mercadona que siempre me deja saltarme la cola. Tengo siempre actualizado Linkedin, hago stories de chorradas para mi Instagram, retuiteo algún chiste gracioso de vez en cuando y comparto mis comidas en Facebook.  Tengo amigas con las que quedar y no quedo. Tengo libros para leer, pero tampoco los leo. Tengo muchas series a medias y ninguna termino. También compañeros de trabajo con los que comparto el café mientras oigo sus batallas jurídicas, aunque me den lo mismo​. Me siento cansada a todas horas, eso sí es verdad. Pero sola, no. No estoy sola.

Un Sinsentido

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Quiero confesar que tras un par de días sin saber de ti, echo de menos tus palabras de consuelo, tus comentarios burlones y tus historias sinsentido. Añoro las llamadas nocturnas, los dobles sentidos y esa mirada tuya, solo tuya. No puedo olvidar los consejos oportunos, las broncas absurdas y tus rayadas, o las mías. Lo echo todo de menos pero, si te soy sincera, en parte me aburre, incluso lo odio y hasta lo aborrezco. Estoy cansada de tus bromas repetitivas, tus absurdos malentendidos y tus promesas de un futuro que no llega. No quiero tener que mirar el móvil como una psicópata frenética esperando tu respuesta que solo aparece en función de cómo sople el viento.  Porque ahora lo sé: tu imprevisible atención no es un cuidadoso arte de cortejo, simplemente no responde a la lógica. Odio depender de algo tan cambiante como tu humor diario o mi tolerancia a tu ambiguo discurso ético. No tolero tu sentido de la priorización ni tu fastidioso sarcasmo, y me asquea que mi honestidad s...

Una nueva era

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Qué difícil es encontrar hoy en día a alguien de verdad, alguien auténtico, que inspire. A menudo veo que una misma persona tiene opiniones contrapuestas en temas trascendentales. ¿Será que ya no se plantean las cosas? Parece que un día piensa una cosa y otras veces la contraria, según cómo le sople el viento o quién tenga delante. Porque no quiere herir sensibilidades, porque para gustos los colores, porque abandera el "yo tolero, yo respeto" como única ideología. Pero una cosa no quita la otra. Nos hemos vuelto extremistas en esto de ser de centro. Porque ya expresarse con claridad es atentar contra vete tú a saber qué y te convierten en cualquier cosa con el sufijo -fobo. Porque ya no hay libertad para pensar diferente. Porque no es políticamente correcto. Porque hoy está mejor visto esto que aquello. Porque parece que todos debamos pensar igual y aparentar ser auténticos. Pero la realidad es que ya nadie es verdadero y la era de los robots ya ha llegado.

Instante de libertad

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Una niebla espesa flotaba en aquel pequeño pueblo, cubriendo el aire de una inusual humedad en aquellas noches otoñales. Por el suelo, hojas caídas de colores oscuros parecían apiñarse en busca de algo de calor. Entre la niebla, las farolas proyectaban una luz amarillenta que no conseguía iluminar demasiado el empedrado irregular.  Ella miraba desde su ventana, mientras fumaba su prohibido cigarrillo al abrigo de la silenciosa brisa nocturna. Aquella noche el silencio era más intenso y duradero de lo habitual y la quietud resultaba ensordecedora, casi dolorosa. Sentía la adrenalina correr por sus venas, sabiéndose en peligro y temiendo ser descubierta en el alféizar de su ventana, el único reducto de libertad que le quedaba. De pronto, en la inmensidad de la noche, envuelta en la propia niebla como estaba y camuflada por el tejado de su vivienda, lo vio. Cruzó un sendero pedregoso bordeado por altos pinos de hojas amenazantes y estirados troncos. El ágil caminar de ese hom...

La frágil resistencia

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Él sabía todo sobre extranjería, documentos oficiales y trámites burocráticos para obtener la nacionalidad española. Y sin embargo ahí estaba, desaprovechado completamente. Al final había sido detenido por culpa de algún chivato de turno que había conseguido pruebas contra él.  Y ahora después de siete años dedicado en exclusiva a una carrera prometedora, el negocio había terminado. Los ilegales estaban a las puertas del país intentando entrar y él estaba en el calabozo. No podía seguir sin hacer nada. Así que asumió su nueva situación para intentar ingeniárselas de alguna manera. Si por algo había destacado siempre, había sido por su capacidad de salir airoso de cualquier circunstancia.  Me viene a la cabeza aquella vez en que una mafia checa estuvo a punto de desmontar su chiringuito. Ya hacía tiempo que corrían rumores de que los clientes preferían el trabajo rápido —y más barato— de un guapo, joven y prometedor falsificador. Estuvieron mucho tiempo detrás de é...

Recuerdos

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Seguía viendo aquellos vídeos una y otra vez, hasta la madrugada. Evocaba recuerdos de sus hijos, cuando todavía bailaban graciosamente al son de cuatro notas melodiosas. Los pequeños solían aplaudir su propio baile al finalizar y una sonrisa inmensa ocupaba todo su rostro, y este tenía un fiel reflejo en el de su madre. A veces se la oía reír a carcajadas a través de las paredes, desde su dormitorio. Supongo que eran recuerdos agridulces, después de todo.  Ahora aquellos hijos hacía tiempo que habían abandonado el hogar en el que habían crecido y ella, rodeada por una soledad que impregnaba cada pared, solo podía recordarlos con frecuencia y esperar sus esporádicas visitas. Como su vecina, solo podía compadecerla.  Yo misma había presenciado algunos de sus encuentros con sus preciosos hijos. Había visto la radiante luz en sus jóvenes ojos apagarse con el paso de los años, y el pequeño destello que reaparecía en ellos cuando se producían esos reencuentros. Había...

Guerra muy fría

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No pudo soportar la ira que se apoderaba de su cuerpo en esos momentos. Sin poderlo remediar, ya no era dueña de su voluntad. El razonamiento del que siempre había presumido ahora estaba anulado, solo pensaba en su venganza. Le habían robado su tiempo y ya no podía permitir aquellas injusticias del todo inmerecidas. Como una simple espectadora, vio su propia mano levantarse hacia él, con una rapidez y una destreza desconocidas en ella, y en menos de lo que tardara en percatarse de lo que hacía, vio cómo sus propios dedos arrancaban un papelito minúsculo. Lo acercó hacia sus ojos, después de mirar desafiante al siguiente en la cola de la pescadería. Sí, el número 298, ya no se le colaría nadie más.

Piernas perfectas

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Ella, piernas esbeltas y doradas por el sol, un collar caro y un precioso tocado en su cabello castaño. No conseguí ver su sonrisa, pero su  enérgica y natural alegría todavía permanecía en su rostro, a pesar de las circunstancias. Vino hasta mí tumbada en una camilla y la conocí​ ya sedada. Sus piernas perfectas, estaban ahora completamente desestructuradas por el accidente, había perdido mucha sangre. Estuve ocho horas ininterrumpidas encerrado en ese quirófano, algunas de las enfermeras e instrumentalistas doblaron turno sin que yo se lo ordenara, mi determinación no parecía admitir quejas. Presumía ser una tarea imposible tratar de reconstruir aquellas infinitas piernas, hueso con hueso, cartílago con cartílago. Soy consciente de que cualquiera en mi situación lo habría dado por perdido, habría incluido una prótesis en la factura y se habría ahorrado unas cuantas horas de sufrimiento y angustias. Pero a mí siempre me han apasionado los puzles, y reconozco  q...

Amores de juventud

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Aquel era el chico más guapo en el que me había fijado y sí, aunque​ era muy tentador fantasear con lo que alguna vez pudo haber sido, lo cierto es que él nunca se había fijado en mí.  ¿Cómo iba a hacerlo? Yo, una adolescente cualquiera, y él, sumido en ese mundo de fantasía alternativo que es la música, la noche y las fans cuyo único propósito en la vida es babear a su alrededor.  Y yo muerta del asco, contemplando toda esa patética escena, compadeciéndome de mí misma por pasar desapercibida de una manera tan enorme que, ridícula de mí, solo deseaba poder ser una de esas chicas a las que él al menos prestaba alguna atención. Ese era el grado de patetismo que rodeaba a aquel personaje estrambótico y a la vez nostálgico que volvía a aparecer ante mí para regodearse en lo que pudo haber sido y nunca fue.  Pero esa noche lo que me recordó distaba mucho de todo lo que yo había imaginado. Sí, me confesó que veía a esa niña tímida que se escondía para escucharle ...