sábado, 16 de diciembre de 2017

En plena tormenta

No quiero escribir sobre un sentimiento, pero hoy hay tormenta, y eso me aterra. Suele ser una experiencia dolorosa, tratar de plasmar vivencias del alma, propias o ajenas, para que tú las entiendas. Se trata no solo de describirlas, sino de revivirlas con toda su intensidad para no perder ningún detalle.

En cambio, hoy te escribiré sobre una sensación, es algo que percibes por los sentidos. Algo más superficial que no llega a acariciar tu alma. Es la sensación de estar protegido, a salvo.

Empieza cuando oyes las gotas de lluvia incesantes martillear contra el tejado. Frías e impasibles, sin piedad. Una hora tras otra, de madrugada. Y bajo esa buhardilla estás dentro de una cama, cubierto por un plumas de 1.35 y una almohada blandita entre tus piernas y bajo tu cabeza.

La nariz está templada, los pies ardiendo y tu respiración pausada. A los pies de tu cama, siempre en contacto con tu cuerpo, una bola de calor respira pacíficamente. Tu pequeño perro descansa tranquilo, a salvo. Fuera se oyen truenos de vez en cuando, caprichosos, tratando de romper tu burbuja. Pero esta sensación es más fuerte que cualquier cosa, la sientes tan intensa que incluso te diría que llega a convertirse en sentimiento.

Cuando hasta en lo más profundo se apodera de ti una calma y seguridad tan perfectas, tan puras, que ya no hay nada que pueda romper tu burbuja. Te das cuenta de que tus sentidos te han conquistado por dentro. La sensación es sentimiento. Y decides que tus días siempre sean así de intensos, porque por fin te encuentras en paz con la vida, en plena tormenta.