viernes, 10 de abril de 2015

La espera

Hace tiempo vi pasar algo parecido al amor y lo ignoré. Lo pasé por alto porque no era puro, estaba viciado y algo subidito. No sabría decir cuánto de ese aire de superioridad me atraía y cuánto me causaba repulsión. Incluso podría decir que me producía vergüenza ajena, verlo tan seguro de sí mismo, tan provocador, aunque quizá sea la experiencia la que hable ahora, y entonces solo veía la nube del amor flotando a mi alrededor. Como en esas películas Disney, las expectativas estaban demasiado alentadas. Sí, lo vi pasar y, sin embargo, lo ignoré. Lo rechacé por todo esto y mucho más y seguí esperando.

Con el tiempo, vi pasar otro amor. Uno cálido y fugaz, casi triste. Un amor efímero que no llegó a dejar grandes secuelas, o eso cree él todavía hoy. A este le abrí mi puerta, lo saludé cordialmente, le invité a merendar y finalmente lo despedí con la misma cordialidad y naturalidad con la que le había invitado a conocerme. Se fue igual de rápido que llegó, y dejó en mí la sabiduría de que es tan importante saber esperar como saber escoger.

Ahora, he recibido una visita muy especial. Inesperada, hasta el punto de que me negué a recibirla. No quería perder el tiempo, prefería pasarlo por alto, pero no me dejó. Vino de improviso, se instaló en mi vida como quien no quiere la cosa, y de repente empecé a necesitarlo. A querer que me acompañara siempre, a compartirle todas mis anécdotas. Todavía no se ha ido, y aunque temo el día en que decida marcharse, cuando estamos juntos sabe darme la tranquilidad que en tantos años de espera jamás había conseguido. Y ya no espero.

jueves, 9 de abril de 2015

Mujer enamorada


Mujer enamorada es la que espera la llamada durante todo el día, la que planifica en función de lo que haga él, la que con verlo se le escapa una maldita sonrisa incontrolable. Una mujer enamorada está atontada, embelesada, no rige ni controla en modo alguno sus sentimientos. Ya no puede fingir que no le ve con otros ojos, ya no puede ocultar sus sentimientos o hacerse la difícil. Ya están las cartas sobre la mesa. 

La mujer enamorada vive solo para la felicidad de su enamorado, intenta complacerle siempre. Tiene una broma para él en cualquier momento, porque... ¡cómo le gusta esa sonrisa! Se vuelve ñoña e incluso cursi, no puede acabar ninguna frase sin un "cielo, encanto, corazón o pastelito" si le apuras. Cuando están en grupo siempre tiene la oreja puesta en su conversación, no vaya ser que diga algo bonito a sus espaldas, porque todavía no conoce lo malo.

Una mujer enamorada quiere, necesita caer bien a los familiares y amigos del afortunado, porque los hombres, ya se sabe, se fían más de su entorno que de su razón, que en esta etapa está completamente obnubilada. La mujer enamorada llora de felicidad cuando piensa en él, en la suerte que ha tenido encontrándole, en todo el amor que es capaz de regalarle a él. Se divierte pensando en algún detalle, en una caricia, o en aquella mirada. 

No le importa que la miren, porque si él la mira, solo tiene ojos para él. Como un encantamiento, su mirada tiene un imán incontrolable. Sabe que la quiere, que la respeta y que probablemente la cuidará lo mejor que sepa. Quiere pensar que es para toda la vida, pero eso, mujer enamorada, nunca se sabe. Porque en cualquier momento puede pasar algo: aburrimiento, cansancio, terceras personas... y ese algo puede acabar con la relación o reforzarla.

Y será en ese momento cuando la mujer enamorada deje su tontería para amar de verdad, queriendo los defectos de su pareja, soportándolos con agrado. Porque de lo que no se da cuenta la mujer enamorada es que el amor es doloroso, es sufrir porque además de una vida feliz hay que conseguir que la vida de tu pareja también lo sea. Y eso, mujer enamorada, es una auténtica hazaña.