jueves, 3 de noviembre de 2011

El desafío del escaparate

Tercer ensayo de la asignatura Claves del pensamiento actual, impartida por el profesor Jaime Nubiola. El tema es "estilos de vida".

- Mírame. ¿Has visto qué estilo tengo? Piel auténtica, querida. Ven y tócame. Mira este tacón. Doce centímetros. Es cómodo, te lo aseguro. ¿Ves el color? Negro azabache. Precioso. Resaltaría el color de tus grandes ojos. Ven aquí. Cómprame. Soy una bota comodísima, te lo aseguro. Ideal tanto para primavera como para otoño. Calentita por dentro y llena de estilo por fuera. Todas te envidiarán. No hay una bota igual que yo.

- ¿Ejem? ¿Me has visto a mí? ¿Hola? Sí, estoy aquí. Soy la bota que está a la izquierda de esa tan presuntuosa y egocéntrica. Olvídala a ella, se lo tiene muy creído. Con ella parecerás de todo menos elegante. Parecemos iguales, pero no lo somos. Marrón chocolate. Eso sí es un color. ¿Y has visto mi textura? Suave como la piel de un bebé. ¡Ah! ¿Sabes qué? Va perfecto con el vestido beige que te compraste ayer. Eso con la gabardina a juego y tu bolso. Acuérdate de ese bolso marrón que tienes. Es de la temporada pasada y hace un siglo que no te lo pones. Conmigo podrías aprovecharlo. Yo sería capaz de darle ese toque moderno pero elegante que le falta. Irías perfecta.

- Perdona. ¿Me ves? ¡Aquí, soy yo! Más abajo, más. ¡Aquí! Soy un tacón de color azul vaquero. De estos pocos se ven, ¿verdad? ¿Sorprendida? Siempre lo hago. Lo sé, lo sé. ¿Qué me vas a contar a mí? Y sí? Esta plataforma es de quince centímetros. ¡Quince! ¿Habéis oído por ahí arriba? Cuando estés subida aquí, nena, podrás ver lo que otras ni se imaginan. Serás más alta que con esas botas demasiado corrientes para ti. ¡Tú vales más! Si me llevas a mí, conseguiré realzar tus bonitas piernas y parecerán tan largas y esbeltas como tu propia sombra. No pasarás desapercibida, chica. Y lo mejor de todo, puedes llevarme de fiesta con un bonito vestido. Sí, justo con ese azul marino que estás pensando. Pero también con unos vaqueros para ir a trabajar. Arreglada pero informal. ¡Divina! Ya lo verás.

Al otro lado del escaparate, hay una joven con las manos pegadas al cristal y el vaho extendiéndose delante de su boquiabierto semblante. El tiempo está paralizado solo para ella, para poder tomar aquella terrible decisión. A sus espaldas, la ajetreada ciudad sigue girando. Ejecutivos con maletín en mano, parejas despreocupadas, secretarios en busca del caprichoso recado para su jefe, adolescentes en patín a gran velocidad... Y ahí está ella, pegada al cristal, sin percatarse de nada. Todo su mundo está pendiente de aquella decisión.

- ¡Ay! ¡Qué horror! Realmente sois todas tan bonitas... ¡Pero no puedo, no puedo llevaros a todas! Bueno, los tacones es obvio que los necesito... ¡No puedo llevar mi vestido azul sin unos tacones como estos! Además tienen pinta de ser tan cómodos. ¡Vale, me los llevo! ¿Y las botas? Ah... ¡son tan bonitas, tan elegantes y estilizadas... ¡En mi vida había visto unas botas iguales! ¡Os quiero, botitas! Pero, ¿de qué color? Negras ya tengo tres... pero estas... ¡Ay, es que ninguna se parece a estas! ¡Son distintas a todas las demás! ¡Son especiales! Y es verdad que resaltarían mis ojos. ¡Decidido! Pero las marrones me las llevo también. Seguro que me hacen descuento. Y ese bolso marrón no puedo dejarlo prisionero en mi armario tanto tiempo. ¡Necesito la elegancia del chocolate!

Y entró convencida de su prudente decisión a la zapatería, con la VISA entre los dedos y un extraño e inexplicable antojo de Ferrero Rocher.

3 comentarios:

  1. Ja,ja,ja,ja.
    ¡Qué difícil es vencer la tentación!!!
    Me ha gustado mucho.

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  2. Muy bueno. Aunque no todo el mundo se pueda sentir identificado... Yo prefiero los bombones Lindt.

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  3. Pues a mi me gustan tanto los Ferrero como los bombones Lindt... Pero me gusta más aún tu blog Albichuela. ¡Esperamos impacientes tu próxima entrada!

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