domingo, 20 de mayo de 2012

Entrevista a Jaime Nubiola: escritor, filósofo y profesor de la Universidad de Navarra


Realizada por Claudia Castilla Baiget, alumna de segundo de Periodismo y, además, mi querida hermana. Doy en su nombre un agradecimiento muy especial a mi antiguo profesor y actual mentor, Jaime Nubiola. Esperamos que le agrade el resultado final y que, a vosotros, os conquiste su sabiduría y entusiasmo.

Jaime Nubiola (Barcelona, 1953) es profesor de filosofía en la Universidad de Navarra. Ha sido visiting scholar (profesor invitado) en las universidades de Harvard, Glasgow y Stanford. Es autor de varios libros como El compromiso esencialista de la lógica modal, Invitación a pensar, La renovación pragmatista de la filosofía analítica y Pensar en libertad. Su cara y actitud son el fiel reflejo de la alegría y el entusiasmo. A sus cincuenta y ocho años le sobran las ganas de seguir escribiendo y de aprender. Sus alumnos lo convierten en alguien especial y le ayudan a superarse todos los días en su polifacética profesión. En esta entrevista intentaré transmitir con las palabras de este magnífico escritor la importancia que tienen la escritura y la creatividad en nuestras vidas.

- ¿Qué es lo que le impulsó a dedicarse a la escritura?

- En mi caso, no me tocó dedicarme a la escritura sino que me encontré escribiendo. Quizá fue sobre todo gracias a la correspondencia. Para mí fue decisivo que a los dieciocho años me separara de mis padres para ir a estudiar a Valencia. Todos los domingos mi padre me escribía una carta que yo debía contestar y esto fue todo un desafío porque me obligó a pensar: ¿qué le quiero contar? De hecho, antes de que existiera el correo electrónico yo dedicaba los domingos cuatro horas a escribir cartas. Tratar de poner tu alma en un texto y compartirlo con quien quieres es un placer, algo con lo que uno más disfruta. El verano del 95 estuve en Stanford como profesor invitado y escribí un libro llamado El taller de la filosofía. Lo que quise reflejar es la idea de que escribimos para pensar. Yo solo sé pensar por escrito. Me encanta expresar lo que llevo dentro y he descubierto que a la gente le ayuda mucho escribir. Somos capaces de compartir algo muy íntimo poniéndolo por escrito.

- ¿Es algo que viene dado o puede conseguirse?
- Hay personas que tienen una sensibilidad especial. Son personas que ven lo que todos ven pero piensan lo que los demás no se imaginan. Con eso se nace, pero muchas otras personas, aunque no tengamos esa sensibilidad, podemos desarrollar la técnica para escribir. A mí me ayudó mucho ser Secretario General de la Universidad de Navarra. Me encontraba siempre escribiendo con los abogados todo tipo de pleitos, normativas, argumentos que no tienen nada de literatura poética pero que te obligan a decir en pocas palabras y de manera convincente una idea.

- ¿De dónde saca la inspiración?
- Me gusta mucho una cita de Picasso: “Ojalá la inspiración te pille trabajando”. Mi inspiración es siempre mi vida, mis experiencias, aquello que me ha conmovido o impactado. Trato de alimentar la escritura de mi experiencia personal y procuro hacerla un tanto universal mediante citas y referencias de otros autores que dicen de manera hermosa lo que yo he sentido o vivido.

- ¿Hubo alguien que le apoyara en sus comienzos?

- Me apoyó mucho mi padre porque le encantaba escribir. Ahora tiene ochenta y ocho años y sigue leyéndose mis textos. De hecho, mi último libro está dedicado a mi padre, al que llamo “mi primer lector” porque siempre me corrige y siempre acepto sus correcciones. Como ya he dicho, fue él quien me animó con la correspondencia. Sin embargo, lo que a mí me han ayudado han sido las lecturas: los libros. Yo era un devorador de libros. Desde los diez años leía una media de doscientos libros al año. Quería ser como aquellos autores que leía y que eran capaces de crear un mundo con su escritura. Siempre he pensado que no hay un escritor sin un buen lector.

- ¿Por qué decidió dar clases?

- En el fondo no es una decisión, tiene más que ver con la ocasión, con la vida como misión. Cuando estaba en secundaria quería dedicarme a enseñar, pero en aquella época era muy tímido, me sonrojaba por cualquier cosa. Poco a poco fui descubriendo que me encantaba hacer teatro y actuar ante el público. Me parece que trabajar en una universidad es muy enriquecedor porque estás constantemente aprendiendo de los alumnos. Por ejemplo, esta mañana he estado con una alumna y hemos dicho: “esto está al orden del día” y hemos comprobado en el diccionario que es incorrecto. Se dice: “estar a la orden del día”. Un ambiente agradable de aprendizaje es maravilloso para alguien que quiere cultivar la vida intelectual. Yo pienso que a los profesores en vez de pagarles un sueldo, habría que cobrarles. Aunque tuviera que pagar por ser profesor, yo sería profesor. Disfruto dando clase y eso se contagia. La educación tiene que ver con contagiar pasión.

- ¿Cómo impulsa usted la actividad creadora en los jóvenes?
    -Lo que yo quiero enseñar a la gente joven es a pensar lo que uno vive, es decir, lo primero que hay que hacer es reflexionar. Lo segundo es la expresión, decir lo que uno piensa. Y por último hace falta vivir lo que uno dice, tener corazón. Reflexión, expresión y corazón son para mí el “motorcito” de la creatividad personal, de la vida intelectual. La persona que se cierra en sí misma y nunca sufre jamás conseguirá ser creativa. Para mí lo peor que les pasa a los jóvenes de hoy en día es que se les da una vida hecha, una vida de segunda mano. Lo que realmente necesitan es vivir de primera mano, aunque cometan más errores porque así se favorece la creatividad personal.
- ¿Por qué cree que los jóvenes de hoy en día no son creativos?
    - El problema es que la mayoría de la gente no tiene vitalidad ni vida interior. Hay una novela muy bonita llamada Donde las mujeres de Álvaro Pombo. Sale un personaje en la novela que dice: “Miré dentro de mí buscando mi vida interior y vi un pozo de medio metro y además seco”. Con esto me di cuenta de que hay gente que no tiene nada que decir, son pura exterioridad. Los jóvenes de hoy en día no son capaces de estar solos porque tienen miedo a su vitalidad interior. A mí me impactó mucho el tatuaje que lleva Lady Gaga en su brazo izquierdo. Es una frase de Rilke, el poeta austriaco, que dice algo así como: “Si en lo más profundo de la noche sientes que te morirías si no te dedicaras a escribir, solo entonces puedes escribir”. Esta “tipa” sabe de lo que está hablando, por eso cuando estrena un single tiene ocho millones de descargas. Es una creativa extraordinaria.
- Por último, he leído que uno de sus lemas preferidos de Wittgenstein es: "No querría con mi libro ahorrarles a otros el pensar, sino, si fuera posible, estimularles a tener pensamientos propios". ¿Qué opina de esto?
- Me impactó mucho el libro de Hannah Arendt, Eichmann en Jerusalén, que trata sobre el juicio de Eichmann por la muerte de trescientos mil húngaros enviados a Auschwitz. No era una persona mala ni perversa, solo quería trepar en su partido. Había dejado de pensar y era instrumento de una maquinaria de explotación. Igual que los que hoy trabajan en clínicas abortistas. En España se hacen más de cien mil abortos al año. Cada uno hace su papel porque la ley les protege, pero al final resulta que matan a seres humanos. Son gente que también ha renunciado a pensar y necesitan dejar de hacerlo porque eso les sirve de anestesia. Mi misión es invitar a las personas a que piensen, a que no se conformen con lo que les viene hecho y a que actúen por su cuenta y riesgo para ser mejores.

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