martes, 18 de octubre de 2016

Mañana

Y con la promesa de un mañana, la dejé partir. Esperando, casi rogando en secreto que ese mañana no fuera solo una muestra de cortesía. O una ilusa intención.  O una mentira apaciguadora. Porque en realidad yo la quería. Como el blanco quiere al negro. La noche al día. El bien al mal. Casi como una necesidad oculta. Yo la quería. Pero no se lo demostré. ¡Maldita sea! Porque creía que volvería. Pero jamás lo hizo. Se despidió de mí como de uno más... agitando frenéticamente su mano, como una niña pequeña, con su vitalidad y su ingenuidad. Y me dejó ahí plantado, con una sonrisa de tonto, estúpido e incrédulo, tal y como lo describen mis amigos. Bueno, concretamente dicen que tenía cara de gilipollas. Pero no puedo atestiguarlo. Yo no pude verme. 

Solo la veía a ella; radiante, esplendorosa. Con un vestido naranja... o salmón como lo llamaba ella. Diciéndome, diciéndonos pero diciéndome, que volvería pronto. Y como tontos la creímos, la creí. Con la canción de Gianluca que ella me enseñó a la semana de conocernos sonando en mi cabeza a modo de banda sonora. Como las canciones que suenan justo al final de la última escena de la peli, y empalma con los créditos finales. "Don't to follow her tomorrow... oh oh oh oh... don't to follow her tomorrow". No quise que aquella fuera la escena final de nuestra historia. No. No esperaría a tu mañana. Y mi mañana, lo siento mucho, es hoy.


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